lunes, octubre 07, 2002

Cyberpunk

Tengo ya ganas de leer a Stephenson y a William Gibson y zambullirme en el océano del Ciberpunk. Esperaremos al próximo fin de semana para acumular unos cuantos cybertextos.
Siglo XXI

Decir que el año 2002 es el siglo XXI es, en cierto modo, tan ingenuo como considerar que 1902 era ya el siglo XX. De acuerdo en que ya lo era cronológicamente, pero el tipo de sociedad de aquel año era totalmente belle epoque. Las grandes turbulencias que marcarían el siglo ni se vislumbraban aún: habría de llegar el gran trauma de 1914-1918 para que viese la luz un siglo de incertidumbres, de irrealidad y de caos. Algo totalmente ajeno al deslumbrante optimismo positivista del último tramo del XIX.

En el 2002, estamos en la misma situación. El siglo XXI está aún por llegar. Los grandes fenómenos que definirán la nueva centuria apenas están bosquejados. Nuestra sociedad es todavía años noventa tout court.

Si bien el 11 de Septiembre de 2001 tal vez fue nuestro 1914 particular.
Tres antiutopías

Tres narraciones antiutópicas fundamentales de lectura absolutamente obligada en este 2002:

Un Mundo feliz. Aldous Huxley. 1932
1984. George Orwell. 1948.
Farenheit 451. Ray Bradbury. 1951

Yo entiendo que estos tres textos constituyen las tres grandes advertencias que nos dio el siglo XX de cara al futuro inmediato: totalitarismo encubierto y asfixiante, jerarquización biológico-genética y abolición de la cultura textual.

Sería interesante leerlas una por una y reflexionar sobre lo que plantean y sobre todo preguntarse que parte de ellas se ha cumplido ya o va camino de cumplirse irremisiblemente en estos primeros instantes del siglo XXI.

Y no podemos dejar de lado a un autor que, aunque fallecido hace ya veinte años, va a dar muchísimo que hablar (está dando ya que hablar) en las próximas décadas: Philip K. Dick (1928-1982). Este gran cuestionador de la realidad va a dar mucho juego en una civilización que ya ha aprendido a recrear realidades virtuales y alternativas que muy pronto serán una dura competencia para la realidad real.
Infierno, de Fred y Geoffrey Hoyle

En una única tarde de domingo me he tragado Infierno, de los Hoyle. Se trata de una novela no demasiado extensa, obra de Fred Hoyle y su hijo Geoffrey. Hoyle (1915-2001) fue un reputado astrónomo, al que se deben importantes aportaciones en el campo de la astronomía, como la teoría del estado estacionario. Además de su actividad profesional como astrónomo, cultivó esporádicamente la ciencia-ficción literaria, erigiéndose (junto a su compatriota Arthur C. Clarke) como el máximo representante de la ciencia ficción dura británica.

Y es que Infierno es en efecto una obra hard. Incluso aparecen fórmulas matemáticas en el texto. La explosión de una supernova en el centro de la galaxia, amenaza la supervivencia del planeta Tierra o al menos de la vida animal y de la civilización humana. No se volatiliza la atmósfera, como se temía en un principio, pero el colapso de la civilización lleva a Cameron, el físico protagonista, a fundar una comunidad basada en el caudillaje, en el norte de Escocia, de donde es oriundo.

La novela está teñida curiosamente, de un vago nacionalismo escocés y está narrada de una manera fria y aséptica: se transparenta bastante que es obra de científicos experimentales. El texto discurre de manera algo premiosa y frenética, aunque en aparente paradoja con esto, los Hoyle necesitan más de un tercio de la obra para exponer el drama, haciendo tragar al lector unas páginas iniciales bastante tediosas.

Infierno no está mal, aunque no es de lo que más me haya absorvido en el campo de la ciencia-ficción. Sin embargo, son obras como Infierno, con sus planteamientos de partida y su desarrollo absolutamente científicos, las que dan personalidad a un género literario como la SF, que de otro modo, tendría escaso o nulo interés. De los temas humanísticos ya se encarga la literatura general; corresponde a la SF la especulación científica, siempre respetando las reglas de juego de la Ciencia. Ahí radica su originalidad y su valor.

domingo, octubre 06, 2002

Esta mañana, de caza por el Mercado de San Antonio.

Piezas cobradas:

Infierno. Fred y Geoffrey Hoyle.

Empotrados. Ian Watson.

Ambos de la Biblioteca de Ciencia Ficción de Orbis.

Total: 9 Euros.