domingo, octubre 13, 2002

La construcción, de Franz Kafka

La construcción es uno de los relatos menos conocidos del checo. Está inconcluso como tantos otros de sus escritos, pero creo que si se hubiese molestado en acabarlo (en el sentido convencional del término, se entiende), tal vez sería más popular que La Metamorfosis.

El narrador es una especie de topo o animal subterráneo que vive en total aislamiento e incomunicación, excavando inacabablemente túneles y galerías que conforman una laberíntica construcción que él considera su morada o su fortaleza, y que habrá de protegerle de innumerables peligros y amenazas que acechan afuera. Los atemorizados pensamientos del pequeño animal, su soledad y su miedo son radicalmente reconocibles como humanos y remiten directamente a la idea que tenemos de Franz Kafka y esa literatura suya, habitada por seres deshechos por la culpa y que por pequeñas y desvaidas faltas sufren castigos de proporciones bíblicas...

¿que tendrá esta fragmentaria y temblorosa narración kafkiana (tal vez menor en el conjunto de su obra) que me lleva a releerla una y otra vez, siempre con el mismo vago estremecimiento?

Decía Borges "una obra es un volumen perdido en el indiferente universo hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos". Y yo como lector, siento que los símbolos que conforman La Construcción, me están destinados.
Entretenimiento

La industria del entretenimiento: he ahí algo de un gran valor futuro (y presente) para el sistema. No sólo desde el punto de vista económico. También (y me atrevería a decir que sobre todo) para enmascarar la injusta y sombría realidad política, económica y social de nuestro atormentado globo en estos años iniciales del nuevo siglo. Las enormes posibilidades de las industrias del ocio y del entretenimiento han de servirle al sistema como anestésicos, para asi poder seguir arracándonos las patitas y las alas.

El sistema está a punto de lograr un gran triunfo: que los esclavos (nosotros) en ningún momento se identifiquen ni se sientan como tales.

Economía del hidrógeno

Acabo de enterarme de que en 1998, el gobierno de Islandia presentó un plan para convertirse en la primera economía mundial basada en el hidrógeno (y no en el mugriento combustible fósil, como el resto del mundo)

Si Islandia logra salir adelante con este gran cambio económico-cultural va a ser la primera sociedad que pueda decir que ha entrado realmente en el siglo XXI.

Rattle and Hum

Por sólo doce euros he podido hacerme con el CD (que incluye 17 temas) Rattle and Hum, de U2. El vinilo lo tenía desde 1989 o 1990 (apareció por vez primera en el año 1988), pero hace tiempo que no dispongo de reproductor de vinilos (o tocadiscos, si se le quiere llamar asi) y por lo tanto, es como si no lo tuviera. Rattle and Hum no es quizá de los trabajos más apreciados por los fans del grupo irlandés, pero en lo que a mi respecta, es uno de mis predilectos. Incluye no sólo algunos temas importantes del grupo como Pride o I still haven't found what I am looking for, sino curiosas e interesantes versiones de temas de otros artistas, como es el caso del Helter Skelter de los Beatles o alguna pieza de Bob Dylan.
Pana dialéctica

En el Canal 33 hubo el otro dia un debate de intenso calado político (es un decir). Se habló del autogobierno de Cataluña, de las tendencias centralistas del gobierno de Madrid, del déficit de inversiones en el área de Barcelona, de la creciente preocupación de la sociedad civil catalana por la ausencia de reconocimiento de Cataluña, de la identidad de Cataluña como nación, de la necesidad de hacer frente común en Madrid para profundizar en el autogobierno, etc. Como de costumbre el PP (Dolors Nadal) era el Dimoni dels pastorets y el señor Carod-Rovira (que dispone de 12 escaños en un parlamento de 135) volvió a ser el punto de referencia ético y exquisito.

Creí hallarme en el año 1977, de no ser porque se trataba de un debate televisado y en catalán y los señores, señoras y señoritas llevaban el pelo bien cortado y parecían salidos de alguna impecable boutique barcelonesa.

¡No obstante, cuánta pana ideológica, cuanta pata de elefante conceptual, cuanta melena , cuanto dolongo dialéctico! Y total, ¿todo para qué? Por mucho que hablen y verborreen, la existencia va a seguir siendo una cárcel laboral de horarios e imposiciones, vamos a seguir viviendo como autómatas biológicos (que es lo que en el fondo desea toda esa elegante caterva), la vivienda va a seguir costando un riñón con su uréter y los salarios de este puto pais van a seguir siendo más propios de la Europa del Este que del sexto inversor mundial.

No tardé mucho en cambiar de canal, para pasarme a Crónicas Marcianas. Las payasadas de Boris Izaguirre (o del personaje creado por Boris Izaguirre) de repente me parecieron más limpias y honestas que la exquisita verborra de toda esa colla.

Self Service

No existe nada más democrático en esta sociedad que la televisión. Quejarse de su programación es como ir llenándose uno mismo la bandeja en un Self Service y, en el momento de sentarse, preguntarse ¿pero qué me han puesto aqui?

¿Cuánto ediciones durará Gran Hermano?
Exactamente las que nosotros decidamos. Point final.
Cardús y el Tiempo

En una entrevista en la radio, el otro dia, el sociólogo Salvador Cardús afirmó que su auténtica obsesión era el Tiempo. El Tiempo y su distribución racional, su uso correcto. Argumentó que hoy dia resulta muy difícil (sino imposible) combinar vida laboral con vida familiar ( y con vida personal y cultural, añadiría yo) a menos que se reduzca la jornada laboral y se generalice la jornada intensiva. Según Cardús, los horarios partidos son algo irracional porque eternizan la jornada laboral, y que habría que poner más el acento en la productividad en detrimento del número de horas trabajadas.

A este hombre voy a acabar cogiéndole simpatía.
La economía del humo

El automóvil es el verdadero centro de gravedad de esta sociedad. Un auténtico tótem indio ante el cual se postra la civilización occidental, o la civilización del "humo", como podríamos llamarla no sin ironía. De cada dos anuncios televisivos, uno es de coches. Esa industria es insaciable y depende como ninguna del cada vez más desgastado mito del progreso. Hay un spot televisivo que repite hasta tres veces la palabra nuevo en una misma frase, tal vez por que el producto (un automóvil de no se qué marca) por si sólo no basta para convencer al personal de su supuesta novedad. Por cierto, mucha innovación, mucho nuevo, nuevo y mucho rollo, pero el artefacto en cuestión sigue tirando de esa cosa mugrienta que es la gasolina, exactamente igual que hace cien años.
A veces tiene uno la sensación de que el automóvil es el verdadero rey de la Creación, y no el Hombre, como se ha venido pensando. Como si el hombre no tuviese ya más función que la de servir de dispositivo biológico para el correcto funcionamiento del automóvil: sin ese dispositivo biológico de 70-80 kg de peso, ese pesado y complejo armazon de metal no se mueve, de igual modo que tampoco se movería si le faltara el motor de explosión, pongamos por caso.

Parecería que eso es el hombre en el mundo moderno: una especie de motor o dispositivo biológico para que el auténtico rey de la creación (o de la civilización) pueda desplazarse.

Ironías al margen, me entero (en realidad me enteré hace tiempo) de que el motor de hidrógeno ya existe. Está ya diseñado y acabado, pero lo tienen metido en un cajón. Porqué no lo ponen ya en la calle, me pregunto (hoy me he despertado ingenuo). Cuántos problemas se ahorraría esta sociedad si se decidiese de una puta vez a acabar con la "economía del humo". Es decir, con el petroleo y el carbón (este último, en el año 2002, no ha desaparecido aún). No sólo "progresaríamos" en lo ecológico y en lo económico, sino incluso (y quizá sobre todo) en lo político: de entrada ahora mismo no tendríamos que bombardear otra vez Irak, que está previsto que substituya a Arabia Saudí como gran proveedor de petroleo de Occidente....

¿Podremos ver, los que vivimos en el año 2002, el final definitivo de la economía del humo y su subtitución por las energías alternativas?

lunes, octubre 07, 2002

Cyberpunk

Tengo ya ganas de leer a Stephenson y a William Gibson y zambullirme en el océano del Ciberpunk. Esperaremos al próximo fin de semana para acumular unos cuantos cybertextos.
Siglo XXI

Decir que el año 2002 es el siglo XXI es, en cierto modo, tan ingenuo como considerar que 1902 era ya el siglo XX. De acuerdo en que ya lo era cronológicamente, pero el tipo de sociedad de aquel año era totalmente belle epoque. Las grandes turbulencias que marcarían el siglo ni se vislumbraban aún: habría de llegar el gran trauma de 1914-1918 para que viese la luz un siglo de incertidumbres, de irrealidad y de caos. Algo totalmente ajeno al deslumbrante optimismo positivista del último tramo del XIX.

En el 2002, estamos en la misma situación. El siglo XXI está aún por llegar. Los grandes fenómenos que definirán la nueva centuria apenas están bosquejados. Nuestra sociedad es todavía años noventa tout court.

Si bien el 11 de Septiembre de 2001 tal vez fue nuestro 1914 particular.
Tres antiutopías

Tres narraciones antiutópicas fundamentales de lectura absolutamente obligada en este 2002:

Un Mundo feliz. Aldous Huxley. 1932
1984. George Orwell. 1948.
Farenheit 451. Ray Bradbury. 1951

Yo entiendo que estos tres textos constituyen las tres grandes advertencias que nos dio el siglo XX de cara al futuro inmediato: totalitarismo encubierto y asfixiante, jerarquización biológico-genética y abolición de la cultura textual.

Sería interesante leerlas una por una y reflexionar sobre lo que plantean y sobre todo preguntarse que parte de ellas se ha cumplido ya o va camino de cumplirse irremisiblemente en estos primeros instantes del siglo XXI.

Y no podemos dejar de lado a un autor que, aunque fallecido hace ya veinte años, va a dar muchísimo que hablar (está dando ya que hablar) en las próximas décadas: Philip K. Dick (1928-1982). Este gran cuestionador de la realidad va a dar mucho juego en una civilización que ya ha aprendido a recrear realidades virtuales y alternativas que muy pronto serán una dura competencia para la realidad real.
Infierno, de Fred y Geoffrey Hoyle

En una única tarde de domingo me he tragado Infierno, de los Hoyle. Se trata de una novela no demasiado extensa, obra de Fred Hoyle y su hijo Geoffrey. Hoyle (1915-2001) fue un reputado astrónomo, al que se deben importantes aportaciones en el campo de la astronomía, como la teoría del estado estacionario. Además de su actividad profesional como astrónomo, cultivó esporádicamente la ciencia-ficción literaria, erigiéndose (junto a su compatriota Arthur C. Clarke) como el máximo representante de la ciencia ficción dura británica.

Y es que Infierno es en efecto una obra hard. Incluso aparecen fórmulas matemáticas en el texto. La explosión de una supernova en el centro de la galaxia, amenaza la supervivencia del planeta Tierra o al menos de la vida animal y de la civilización humana. No se volatiliza la atmósfera, como se temía en un principio, pero el colapso de la civilización lleva a Cameron, el físico protagonista, a fundar una comunidad basada en el caudillaje, en el norte de Escocia, de donde es oriundo.

La novela está teñida curiosamente, de un vago nacionalismo escocés y está narrada de una manera fria y aséptica: se transparenta bastante que es obra de científicos experimentales. El texto discurre de manera algo premiosa y frenética, aunque en aparente paradoja con esto, los Hoyle necesitan más de un tercio de la obra para exponer el drama, haciendo tragar al lector unas páginas iniciales bastante tediosas.

Infierno no está mal, aunque no es de lo que más me haya absorvido en el campo de la ciencia-ficción. Sin embargo, son obras como Infierno, con sus planteamientos de partida y su desarrollo absolutamente científicos, las que dan personalidad a un género literario como la SF, que de otro modo, tendría escaso o nulo interés. De los temas humanísticos ya se encarga la literatura general; corresponde a la SF la especulación científica, siempre respetando las reglas de juego de la Ciencia. Ahí radica su originalidad y su valor.