martes, noviembre 12, 2002

Gustav Meyrink y el ocultismo







Desde principios del año 2001 tengo colgada en Internet una página dedicada al escritor austríaco Gustav Meyrink; debo decir que se trata de la única página en castellano que sobre el autor de El Golem existe en la red, al menos hasta donde yo haya podido descubrir. Mi interés por este autor se centra en esa extraña novela onírica que es El Golem, publicada en 1915, uno de los hitos del fantástico europeo de las primeras décadas del siglo XX. No obstante, las relaciones de Meyrink con el mundo del ocultismo hacen que no pocos visitantes de mi página me consideren como una especie de entendido (sino de un experto) en temas esotéricos y a menudos me plantean dudas y cuestiones que soy incapaz de resolver o me proponen la lectura de textos clásicos del esoterismo de los que ni tan siquiera he oído hablar.

Voy a tener que adentrarme en las aguas del ocultismo para asi no continuar decepcionando con mi ignorancia a mis visitantes...
Arthur Schnitzler y Stanley Kubrick

Ayer tarde me pasé por la Libreria-Café Laie; en los estantes de literatura alemana comprobé complacido que había disponibles no menos de tres volúmenes de W. G. Sebald: Austerlitz (su último libro publicado en España); Los Emigrados y Vértigo. Por contra, no vi Los anillos de Saturno, la novela del autor alemán que más me atrae de entrada. Todos estaban editados en tapa dura (o semidura) y ninguno de ellos bajaba de los 20 Euros. Decidí dejarlos para mejor ocasión.

Entre todos aquellos volúmenes alemanes vertidos al castellano, descubrí una novelita de Arthur Schnitzler: Relato Soñado; se trataba del texto en el que Stanley Kubrick se basó para su película de 1999 Eyes Wide Shut, y que habría de ser su testamento cinematográfico. La novelita en cuestión (brevísima: menos de 150 páginas en la edición de El Acantilado) la conocía desde el año de estreno del film protagonizado por la pareja Cruise-Kidman, fecha en la que el texto del autor austríaco conoció una reedición en castellano. De no haber captado la atención del director neoyorkino, tal vez la obra estaría en el olvido, al menos fuera del ámbito cultural germánico. Esa misma noche me puse a leerla y casi la terminé; me sorprendió comprobar la tremenda fidelidad de Kubrick para con el texto de esa remota novela austríaca: la historía es casi puntualmente la misma. Mientras que Schnitzler sitúa a sus personajes en la Viena de ¿1910? ¿1920? y los hace recorrer las calles en carruajes llevados por cocheros de alta chistera, Stanley Kubrick traslada la acción en el tiempo y en el espacio, colocándola en el Nueva York de 1999 (con el motor de explosión disponible, por lo tanto). Pero el resto del argumento es casi idéntico.

Pero siendo la historia en esencia la misma, es obvio que la cinta de Kubrick es muy superior. La novela de Arthur Schnitzler (1862-1931) no pasa de ser una narración ciertamente correcta y certera desde el punto de vista de la descripción psicológica de los personajes, y también un texto vagamente fascinante, de decoroso misterio; pero su traslación a la pantalla, Eyes Wide Shut, es algo profundamente enigmático e impenetrable, como sólo pueden serlo las caóticas imágenes de un sueño.

Vi Eyes Wide Shut en dos ocasiones (ambas en pantalla grande): la primera en 1999, fecha de su estreno, y la segunda a principios del presente año (2002), en el marco de una retrospectiva que dedicó la Filmoteca de la Generalitat de Catalunya al director de la Naranja Mecánica. En ambos ocasiones me sentí arrebatado por el film. La secuencia del interior de la mansión a la que accede el súbitamente noctámbulo personaje de Tom Cruise, ese orgíastico encuentro de emmascarados, esa música sobrecogedora, como del más allá, el logradísimo clima de pavor, la vaga insinuación de lo atroz ...es de lo más intenso que me haya sido concedido en mis dias de espectador cinematográfico.