domingo, noviembre 17, 2002

Contemplación

"Yo no existo; sólo existen los millares de espejos que me reflejan. Cada nueva amistad aumenta la población de fantasmas que se me aparecen. Viven en algún sitio, se multiplican de alguna forma. Yo sólo no existo.

Y, sin embargo soy feliz. Sí, feliz. Lo juro, juro que soy feliz. He comprendido que la única felicidad de este mundo consiste en observar, vigilar, escudriñar a los demás y a uno mismo, no ser más que un gran ojo, ligeramente vidrioso, algo inyectado en sangre, fijo."
VLADIMIR NABOKOV

Observar, vigilar, escudriñar a los demás...el voyerismo totalizante como felicidad y como meta. Sebald, no se si en Vértigo, nos insinúa algo similar a la propuesta de Nabokov: renunciar a todo salvo a la contemplación.

Basar la esencia y el sentido de la vida en la contemplación, en la observación, en ser un espectador del mundo...una idea que merece sin duda considerarse. Y es que el mundo es algo infinito, inacabable (en el tiempo y en el espacio); si lo concibiesemos como espectáculo, no acabaríamos nunca de contemplarlo, tan envolvente e ilimitado es. No sólo el presente, sino el innumerable pasado, los incontables ayeres que laten bajo la tierra, como escribió Javier Marías en Negra espalda del Tiempo.

Renunciar a todo salvo a la contemplación...Algo seductor. Lo que ocurre es que tal cosa es de ordinario imposible, porque más temprano o más tarde, y tal como sucede en ese fantástico (en el doble sentido de la palabra) cuento de Julio Cortázar Instrucciones para John Howell, nos obligarán a subir al escenario a representar (en el peor de los casos) un más bien aburrido sino detestable papel, por el que habrán de juzgarnos y que habrá de ser nuestro envoltorio, nuestro continente.
Hermann Hesse

"Durante toda mi vida he sido defensor del individuo, de la personalidad, y no creo que haya leyes generales que sirvan para el individuo. Por el contrario, las recetas y las leyes no están ahí para él, sino para las multitudes, los rebaños, pueblos y colectividades. Las personalidades auténticas tienen un panorama más difícil, pero más hermoso; no disfrutan de la protección del rebaño, pero sí de las delicias de la propia fantasía y cuando superan los años de la juventud tienen que afrontar una gran responsabilidad." HERMANN HESSE

El Lobo Estepario. Es de 1929, si no recuerdo mal, pero pudo haber sido escrita esta mañana. El mundo que rodea al Lobo Estepario, a Harry Haller, ese mundo que lo asquea y asfixia, no es más que el estado embrionario del nuestro del 2002. Los cachivaches totemizados, el culto a la velocidad, la vanidad y el materialismo, la productividad como fin y no como medio, el aniquilamiento de lo que podríamos llamar (en lenguaje algo arcaico) la vida del espíritu...todo esto nos resulta bastante conocido, bastante cotidiano hoy dia en este mundo nuestro tan moderno y progresado.
Marías, Herralde y Tello-Trapp

Enemistarse con Javier Marías puede ser algo peliagudo y conllevar no pocos peligros: existe la posibilidad de que el madrileño te inmortalice en uno de sus textos. Asi sucedió en Negra Espalda del Tiempo con el editor barcelonés Jorge Herralde, responsable de Anagrama y que fue pulverizado sin compasión por el narrador de la novela, que en apariencia era el propio Javier Marías. Mas próximo al tendero que al intelectual, su medieval bota, etc, eran algunas de las cariñosas dedicatorias (de entre las que recuerdo) que Marías dedicaba a Herralde, al que en ningún momento citaba con su nombre, pero que era perfectamente reconocible.

De Andrés Trapiello dijo, en aquella misma novela de 1998, que era el novelista más inepto de España; y en Tu Rostro Mañana abunda en sus coñas al de Manzaneda de Torío, en esta ocasión distorsionando cómicamente su nombre y refiriéndose a él como el deshonesto e incompetente Tello-Trapp.

Me gusta bastante la literatura de Javier Marías, pero en ocasiones no estoy en absoluto de acuerdo con él ni con sus opiniones, que no pocas veces me parecen exageradas y caprichosas (aunque no siempre). No se si Trapiello es o no inepto como novelista, tal y como pretende Marías, pues no lo conozco aún en esa faceta, pero a mi me parece que el leonés es una autor más que estimable en su actividad como reseñista, ensayista y sobre todo como diarista. Su serie de diarios Salón de Pasos perdidos me ha parecido de lectura más que grata y también cubridora de un hueco en nuestra literatura, poco dada al género diarístico (en realidad poco dada a todo lo que no sea el realismo más garbancero).
Otra vez Will Shakespeare

Parece que Javier Marías ha vuelto a recurrir a Shakespeare para la elección del título de una de sus novelas, en este caso de la última, Tu Rostro Mañana. En el foro de la web de Montse Vega sobre Javier Marías lo apuntaba uno de los foreros, que pudo hallar en la escena segunda de la parte II de Enrique IV lo siguiente:

PRINCE HARRY: .... What a disgrace is it to me to remember thy name! Or to know thy face tomorrow.

Marías ya recurrió al de Stradford para la elección de Corazón tan Blanco, sacado de Macbeth, o de Mañana en la Batalla piensa en mi, extraido ahora no recuerdo si de Ricardo III.

Tu Rostro Mañana

Ayer me pillé por fin Tu Rostro Mañana, la nueva novela de Javier Marías; llevo leído el cuarenta por ciento en tan sólo unas horas. También me enteré de que dicha novela ocupa ya la segunda posición entre las obras de ficción más vendidas la pasada semana en las librerías de Barcelona. Lo de Marías es casi un milagro, o más que un milagro, algo bastante esperanzador en unos tiempos como estos, tiempos de indigencia cultural (y no querría sonar apocalíptico, ni quejumbroso, ni cenizo). El madrileño es un autor que espera mucho del lector; que le acompañe en sus digresiones, en sus ideas y especulaciones, que se adentre sin reparos en esos textos suyos donde el pensamiento y el desarrollo de las ideas (ideas que vuelven una y otra vez a lo largo de su obra novelística, como un callado rumor o como un eco) son más importantes que la acción o la peripecia externa que las enmarcan. Pero el caso es que el lector (increiblemente para estos tiempos) no lo defrauda y le acompaña en esa aventura suya, casi no tanto novelística como intelectual y filosófica.

Creo que la gran habilidad de Marías, a parte de ese magistral e inimitable (pero ¡ay! imitado) estilo literario arrullador e hipnótico, es saber enmarcar su interesantísima literatura-pensamiento en absortas e inteligentes tramas que son capaces de arrastrar a casi cualquier tipo de público lector.

En una entrevista en Que Leer, con motivo de la aparición de Tu Rostro mañana, Marías comentaba que el gran imperativo literario del siglo XX ha sido el de la originalidad; pero la originalidad es algo complicado de lograr, tras milenios de literatura en la que ya esta casi todo dicho y de casi todas las maneras posibles; no hay que preocuparse tanto por la originalidad, dice Marías, pero hay que saber reconocer las influencias, no ocultarlas ni callarlas como hacen algunos.

Y es que Marías, como gran autor que es, ha influido y bastante. No sólo en gente como Prada, que ganó el Planeta creo que con La Tempestad, sino al parecer también en el elogiadísimo (y hasta leidísimo) Cercas que ya va por la 24 edición (!) de su Soldados de Salamina.

martes, noviembre 12, 2002

Gustav Meyrink y el ocultismo







Desde principios del año 2001 tengo colgada en Internet una página dedicada al escritor austríaco Gustav Meyrink; debo decir que se trata de la única página en castellano que sobre el autor de El Golem existe en la red, al menos hasta donde yo haya podido descubrir. Mi interés por este autor se centra en esa extraña novela onírica que es El Golem, publicada en 1915, uno de los hitos del fantástico europeo de las primeras décadas del siglo XX. No obstante, las relaciones de Meyrink con el mundo del ocultismo hacen que no pocos visitantes de mi página me consideren como una especie de entendido (sino de un experto) en temas esotéricos y a menudos me plantean dudas y cuestiones que soy incapaz de resolver o me proponen la lectura de textos clásicos del esoterismo de los que ni tan siquiera he oído hablar.

Voy a tener que adentrarme en las aguas del ocultismo para asi no continuar decepcionando con mi ignorancia a mis visitantes...
Arthur Schnitzler y Stanley Kubrick

Ayer tarde me pasé por la Libreria-Café Laie; en los estantes de literatura alemana comprobé complacido que había disponibles no menos de tres volúmenes de W. G. Sebald: Austerlitz (su último libro publicado en España); Los Emigrados y Vértigo. Por contra, no vi Los anillos de Saturno, la novela del autor alemán que más me atrae de entrada. Todos estaban editados en tapa dura (o semidura) y ninguno de ellos bajaba de los 20 Euros. Decidí dejarlos para mejor ocasión.

Entre todos aquellos volúmenes alemanes vertidos al castellano, descubrí una novelita de Arthur Schnitzler: Relato Soñado; se trataba del texto en el que Stanley Kubrick se basó para su película de 1999 Eyes Wide Shut, y que habría de ser su testamento cinematográfico. La novelita en cuestión (brevísima: menos de 150 páginas en la edición de El Acantilado) la conocía desde el año de estreno del film protagonizado por la pareja Cruise-Kidman, fecha en la que el texto del autor austríaco conoció una reedición en castellano. De no haber captado la atención del director neoyorkino, tal vez la obra estaría en el olvido, al menos fuera del ámbito cultural germánico. Esa misma noche me puse a leerla y casi la terminé; me sorprendió comprobar la tremenda fidelidad de Kubrick para con el texto de esa remota novela austríaca: la historía es casi puntualmente la misma. Mientras que Schnitzler sitúa a sus personajes en la Viena de ¿1910? ¿1920? y los hace recorrer las calles en carruajes llevados por cocheros de alta chistera, Stanley Kubrick traslada la acción en el tiempo y en el espacio, colocándola en el Nueva York de 1999 (con el motor de explosión disponible, por lo tanto). Pero el resto del argumento es casi idéntico.

Pero siendo la historia en esencia la misma, es obvio que la cinta de Kubrick es muy superior. La novela de Arthur Schnitzler (1862-1931) no pasa de ser una narración ciertamente correcta y certera desde el punto de vista de la descripción psicológica de los personajes, y también un texto vagamente fascinante, de decoroso misterio; pero su traslación a la pantalla, Eyes Wide Shut, es algo profundamente enigmático e impenetrable, como sólo pueden serlo las caóticas imágenes de un sueño.

Vi Eyes Wide Shut en dos ocasiones (ambas en pantalla grande): la primera en 1999, fecha de su estreno, y la segunda a principios del presente año (2002), en el marco de una retrospectiva que dedicó la Filmoteca de la Generalitat de Catalunya al director de la Naranja Mecánica. En ambos ocasiones me sentí arrebatado por el film. La secuencia del interior de la mansión a la que accede el súbitamente noctámbulo personaje de Tom Cruise, ese orgíastico encuentro de emmascarados, esa música sobrecogedora, como del más allá, el logradísimo clima de pavor, la vaga insinuación de lo atroz ...es de lo más intenso que me haya sido concedido en mis dias de espectador cinematográfico.