viernes, diciembre 06, 2002

Lugares comunes

Fui a ver la película de Adolfo Aristarain el miércoles pasado. Y me pareció como mucho decorosa, correcta, pero desde luego no una gran película. Me pareció ante todo excesivamente discursiva, doctrinaria; como si Aristarain hubiese querido asegurarse de que el mensaje (un mensaje tópica y angelicalmente izquierdista) llegase al espectador con la mayor nitidez posible. Para ello hace hablar continuamente al personaje de Federico Luppi; Lugares Comunes es muy poco sutil, muy poco contenida, no trabaja con imágenes y silencios sino con palabras, palabras y más palabras: Luppi se la pasa hablando y discurseando (mediante monólogos en off) las casi dos horas de duración de la cinta y uno sale del cine con la sensación de que ha asistido a una especie de mitin.

La película es previsible y a veces hasta roza lo inverosímil. Eso de que el padre (Luppi) considera un fracasado al hijo porque éste abandonó la Argentina para irse a Madrid, y obtener un trabajo de informático muy bien pagado en lugar de seguir sus iniciales inquietudes de escritor (aunque eso hubiese significado cierta decorosa pobreza) es, sencillamente, poco creible, y menos en la Argentina actual, donde el viejo asunto de la supervivencia material (sin la cual la vida del espíritu, por decirlo a lo Hesse, es imposible) está muy lejos (más que nunca) de haber sido resuelto. Ni allí ni en casi ningún otro sitio.